
La tradición cristiana recuerda el día 28 de diciembre a los Santos Niños Inocentes, que murieron asesinados por orden del rey Herodes, que temía por una profecía perder su trono y por tanto su poder, con el nacimiento del Mesías, cuya identidad desconocía y por ello no dudo en asesinar a niños exentos de culpa, y cuyo delito fue nacer al mismo tiempo que Jesús.
La Asamblea General de la ONU declaró en agosto de 1982, en el nuevo santoral laico, que el 4 de junio de cada año sea el Día Internacional de los Niños Victimas Inocentes de la Violencia (resolución ES-7/8).
Miles y miles de niños son víctimas inocentes, cuyo “delito” es haber nacido en paises envueltos en guerras y revueltas violentas: Palestina, Líbano, Africa negra, Irak, Afganistán, Colombia, Chechenia…
Ser objetos sexuales, expuestos al SIDA, como sucede en Filipinas, Sud-Este Asiático..
Obligados a trabajar en condiciones de esclavitud, sin derechos elementales como la escolarización, correcta alimentación, derecho a la salud, al juego…
Muchos de ellos, abandonados, hijos de la calle, recurren a inhalar gasolina, pegamentos, disolventes, ingerir alcohol, como sucedáneo o mitigador de su sufrimiento.
Para ellos también debiera ser Navidad